Alaitz e Iraia Supervivientes del terremoto de Lombok

“Tras el terremoto recibimos aviso de tsunami y no teníamos donde ir, solo esperar”

Las vizcaínas Alaitz Ibarrondo e Iraia Kruzelegi de 25 años, han vivido el caos del terremoto sucedido el pasado domingo en la isla de Lombok, Indonesia.

Alazne Corral Azpeitia - Jueves, 9 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Bilbao - Las amigas viven en Australia desde octubre de 2017 aunque decidieron viajar durante los meses de verano por Bali para conocer la ciudad y sus islas.

¿Qué hacíais en la isla de Lombok?

-Fuimos a pasar una semana, porque nos habían dicho que era mucho más bonito y salvaje que Bali, así que decidimos disfrutar de una de las zonas más paradisíacas de Indonesia. Después íbamos a coger un barco para ir hasta Komodo, pero nunca llegó.

¿Qué fue lo que sentisteis cuando empezó el terremoto?

-Miedo y agobio. Muchísima impotencia porque no sabíamos qué hacer ni a dónde ir. Después de tomar algo, cuando estábamos pagando en el chiringuito, empezó a moverse todo. Lorenzo, un amigo, nos cogió y nos llevó corriendo a la zona de la playa. Apenas podíamos tenernos en pie, oíamos como se iba rompiendo todo y se iban apagando las luces. Fueron los diez segundos más largos de nuestra vida. Momentos después recibimos un aviso de tsunami y ahí se nos metió el miedo en el cuerpo. La isla no tiene ningún punto alto, no teníamos a donde ir, solo nos quedaba esperar.

¿Cómo conseguisteis salir de allí?

-A las 6.00 horas, las réplicas seguían pero fuimos al hostal a recoger nuestras cosas y de allí al puerto. Estaba lleno de gente para coger una barca, parecía de película. Quienes venían a rescatarnos solo tenían intención de lucrarse.

¿Os han ayudado u os habéis visto solas?

-Solísimas. Escribimos al Gobierno español pidiendo ayuda e información para volver a casa y su respuesta fue que ellos no se hacían cargo de nada porque no había sido para tanto. Desde la embajada la respuesta fue la misma, un cero a la izquierda.

¿Y las autoridades locales?

-Mandaron un camión de la armada para ayudar a las familias y trasladarlas a los aeropuertos o a las ciudades grandes sin tener que pagar las millonadas que pedían. Pero nada más, fue un caos.

Vosotras sois turistas y tenéis un lugar al que regresar, pero la gente que vive allí se queda con una mano delante y otra detrás. ¿Cómo lo están viviendo?

-Hay gente que ha perdido su casa, que ha perdido su negocio... y no sabemos qué va a ser de ellos o cómo van a seguir adelante. Supongo que se ayudarán entre ellos. Primero construyen una casa y luego la del vecino. No viven como aquí.

¿Qué es el lo primero que creéis que debería cubrirse con urgencia?

-Sobre todo acoger a las familias que se han quedado sin casa. Eso es lo más urgente y lo más triste de todo. No había agua ni electricidad en la isla. Además la gente que se quedó al día siguiente sufrió otro terremoto, y leímos en las noticias que, por fin, el Gobierno había puesto un barco gratis.

¿Creéis que la gente necesitará ayuda psicológica para superarlo?

-Nosotras al menos sí. Sobre todo por la noche en la playa, que solo pensábamos “si viene el tsunami, morimos sí o sí” porque no teníamos a dónde ir. Durante diez horas estuvimos sin luz y sin ver el mar. La incertidumbre de no saber qué pasaría fue horrible. Ahora mismo tenemos mucho miedo y necesitamos volver a casa, ver a nuestras familias y calmar los ánimos.